Vacunas: Mitos y realidades

Vacunas: Mitos y realidadesEste artículo ha sido reseñado por Thanai Pongdee, MD, FAAAAI

Las vacunas son un modo efectivo de prevenir enfermedades mortales estimulando la respuesta inmunológica innata del cuerpo ante enfermedades causadas por virus y bacterias. Los programas de vacunación en todo el mundo han llevado a un mejoramiento general de la salud de nuestra población mediante la reducción del contagio de enfermedades, las discapacidades permanentes y temporales, y la mortalidad en menores de un año. Si bien las vacunas han demostrado ser seguras y efectivas sobre la base de sólidas pruebas científicas, varios mitos se han extendido, y han dejado a las vacunas en el centro de la polémica. Los principales cinco mitos sobre las vacunas se abordan aquí con el objetivo de enfatizar la seguridad y la necesidad de esta importante intervención en materia de salud.  

Mito 1: Las vacunas contienen muchos ingredientes dañinos.
Realidad:
Las vacunas contienen ingredientes que permiten que el producto sea administrado de manera segura. Cualquier sustancia puede ser dañina en dosis significativamente elevadas, incluso el agua. Las vacunas contienen ingredientes a una dosis que es incluso inferior a la dosis a la que estamos naturalmente expuestos en nuestro propio ambiente. El timerosal, un compuesto que contiene mercurio, es un conservante ampliamente utilizado para vacunas fabricadas en envases multidosis. De forma natural, estamos expuestos al mercurio en la leche, mariscos y en las soluciones para lentes de contacto. No hay pruebas que sugieran que la cantidad de timerosal usado en las vacunas plantea un riesgo para la salud. Muchas vacunas ahora se producen en envases de dosis simple, lo que ha disminuido en gran medida el uso de timerosal en las vacunas. El formaldehído, otro ingrediente de las vacunas, se encuentra en los tubos de escape de los autos, productos del hogar y muebles como alfombras, tapizados, cosméticos, pintura y marcadores, y en productos para la salud como antihistamínicos, pastillas para la tos y enjuague bucal. La dosis en las vacunas es muy inferior a la cantidad a la que nos vemos expuestos en nuestra vida diaria. No todas las vacunas contienen aluminio, pero las que lo contienen normalmente tienen aproximadamente entre 0,125 mg y 0,625 mg por dosis. Esto, también, es mucho menos de lo que consume la persona promedio en un día. Se estima que la persona promedio consume entre 30 y 50 mg de aluminio por día, principalmente de alimentos, agua potable y medicamentos.

Mito 2: Las vacunas causan autismo y síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL).
Realidad:
Las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones a las vacunas son generalmente temporales y menores, como fiebre y dolor en el brazo. Es raro experimentar un evento de salud muy grave luego de la vacunación, pero estos eventos se monitorean e investigan cuidadosamente. Es mucho más probable que usted sufra el daño causado por una enfermedad prevenible con vacunación que por la vacuna en sí. Por ejemplo, la polio puede causar parálisis, el sarampión puede causar encefalitis (inflamación del cerebro) y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles con la vacuna pueden incluso causar la muerte. Los beneficios de la vacunación superan en gran medida los riesgos, y sin las vacunas habría muchos más daños y muertes. La ciencia todavía no ha determinado la causa del autismo y del SMSL. Estos diagnósticos se hacen, sin embargo, en las mismas edades en las que los niños están recibiendo sus vacunaciones de rutina. La publicación médica que había publicado el estudio de 1998, que generó preocupación sobre el posible vínculo entre la vacuna  MMR (contra el sarampión, las paperas y la rubéola) y el autismo, se retractó de dicha publicación porque estaba significativamente viciada por la falta de rigor científico. No hay pruebas que relacionen a las vacunas como la causa del autismo o del SMSL.

Mito 3: Las enfermedades que se previenen con vacunas son solo parte de la niñez. Es mejor tener la enfermedad que inmunizarse a través de las vacunas.
Realidad:
Las enfermedades que se previenen con vacunas tienen muchas complicaciones graves que pueden evitarse mediante la vacunación. Por ejemplo, más de 226.000 personas son hospitalizadas por complicaciones con la gripe, entre ellas, 20.000 niños. Cada año, mueren de gripe unas 36.000 personas. Las vacunas estimulan el sistema inmunológico para producir una respuesta inmunológica similar a la infección natural, pero no causan la enfermedad ni ponen a la persona inmunizada en riesgo de sus complicaciones potenciales.

Mito 4: No necesito vacunar a mi hijo porque todos los niños que lo rodean ya están inmunizados.
Realidad:
La inmunidad colectiva se produce cuando una gran parte de una comunidad se vacuna contra una enfermedad contagiosa, lo que reduce las posibilidades de un brote. Los lactantes, mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas que no pueden recibir vacunas dependen de este tipo de protección. No obstante, si suficiente cantidad de personas dependen de la inmunidad colectiva como método de prevenir la infección de enfermedades prevenibles con la vacuna, la inmunidad colectiva pronto desaparecerá.

Mito 5: Un niño puede contagiarse la enfermedad de la misma vacuna.
Realidad:
Una vacuna que provoque la enfermedad completa sería algo en extremo improbable. La mayoría de las vacunas son vacunas inactivadas (muertas) y no es posible contraer la enfermedad por la vacuna. Unas pocas vacunas contienen organismos vivos, y cuando se aplican causan un grado leve de la enfermedad. La vacuna contra la varicela, por ejemplo, puede hacer que un niño desarrolle erupción cutánea (rash), pero solamente con unas pocas manchas. No hay dolor, y puede demostrar que la vacuna está realmente funcionando. Una excepción fue la vacuna oral viva contra la polio, que podía muy rara vez mutar y realmente causar polio. Sin embargo, la vacuna oral contra la polio ya no se administra en Estados Unidos.

Close-up of pine tree branches in Winter Close-up of pine tree branches in Winter